lunes, 6 de mayo de 2013

Capítulo 8 - Nuestra primera vez -

Nuestros labios estaban fundidos en una inmensidad, me cogió en brazos y me llevó a su habitación, no parábamos de besarnos ni un instante, me dejó suavemente encima de su cama, nos separamos por un momento, me sonrió, le sonreí y nos volvimos a besar, podía notar como nuestros corazones latían con fuerza, parecía que se fueran a salir del pecho, Dani empezó a darme pequeños besos en el cuello, noté como sus manos se perdían en mi espalda, poco a poco me pudo quitar la camisa, con las yemas de sus dedos rozaba lentamente mis costillas, iba bajando poco a poco hasta acariciarme los muslos. A pesar de ello, no habíamos parado ni un segundo de besarnos. Me levanté para estar sentada sobre él y él hizo lo mismo, sólo había un mínimo de distancia entre nosotros, así que aprovechó para quitarme el sujetador, pero lo hizo de una forma preciosa, rozando con la piel sus manos por cada parte de mi cuerpo. Ahora me tocaba a mi, le quité la camisa hasta poder tirarla al suelo, una vez en las mismas circunstancias me eché encima de él de nuevo, dándole pequeños mordisquitos sobre el pecho, de repente noté que sus dedos se colaban entre mi falda, bajándola poco a poco y introduciendo de nuevo su dedo en mis braguitas, hasta deshacerse de ellas, yo hice lo mismo, pero dejé de besarle un instante que se hizo eterno, no podía aguantar la distancia que nos separaba en esos momentos volví a juntar mis labios a los suyos, estábamos completamente desnudos, nuestra ropa se mezclaba entre las sábanas, me agarró fuerte y entrelazó sus brazos alrededor de mi cuerpo, mis manos rozaban cada lunar de su cuerpo, y suavemente le acariciaba el pelo como a él tanto le gustaba. De repente la habitación se convirtió en el lugar más bonito del mundo, había magia en cada esquina, nunca llegué a pensar que un simple lugar de aquella casa pudiera convertirse en aquel paraíso, empezamos a hacer el amor como nunca antes lo había echo, parecía la primera vez de ambos, jamás nadie me había echo sentir lo que Dani estaba consiguiendo en esa noche. Cada vez que nuestros labios se separaban, hacía que tuviera aún más ganas de besarle, pero no tenía fuerzas para más, simplemente me dejé llevar y así demostrarle lo muy enamorada que estaba de él.




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